xRandomTwo - Melý & Miruh.

xRandomTwo - Melý & Miruh.

Un blog creado por dos chicas, con historias diferentes e interesantes (:

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Será la rutina... - By Melyý.

Porque mientras el se prepara para irla a buscar, ella empieza a dudar, a razonar.
¿De verdad ella ansía tanto su llegada como antes? ¿De verdad no está cansada de la misma rutina de siempre? ¿De verdad ahora lo quiere tanto?
Ella piensa durante unos instantes, y encuentra la respuesta a cada una de las respuestas: no. No ansía tanto su llegada. Está cansada de la misma rutina de siempre.
Y de verdad, ahora no lo quiere tanto.

Acabado - By Miruuh.

-De verdad quisiera servirte de algo.
-No, no puedes, dije que esto se terminó.
-Yo no quiero que se termine.
-Sé honesta, nos odiamos.
-Yo no te odio.
-Dijiste que sí.
-¡Pero no te odio!
-No quiero que seas mi amiga.
-Yo sí quiero que seas mi amiga.
-Pero yo no, y esto se acabó.
Se alejó, rápidamente. Salió del parque, cruzó la calle y caminó. La podía divisar allí a lo lejos. De verdad no hubiera querido que nuestra amistad se hiciera añicos, pero así sucedió y se ve que así será. ¿A quién confiaría mis secretos? ¿Con quién reiría? ¿Con quién haría cada cosa que hacía con ella? ¿Con quién? Estoy segura de no poder verla nunca más. Yo iba a mudarme muy lejos de aquí, y no iba a volver. Hubiera querido mantener nuestra amistad a distancia, pero no pude. Se enojó y se fue. Me dejó, abandonada, sentada en el banquito de la plaza.
-Un gusto haber compartido tanto con vos -susurré para mis adentros.
Y seguí mi vida.

No quisiera olvidarlo - By Miruuh.

No puedo dejarlo ir. Debo protegerlo como sea, él es mi vida entera. Si pudiera hacer algo, lo haría, pero el no sabe nada de lo que me pasa, y no me gustaría que se enterara. Yo y sólo yo sé cuánto lo amo. Esos ojos errantes, que te hacen caer en la tentación de no poder parar de mirarlo. Están llenos de odio y furia, pero aún así son hermosos. Ese cabello dorado, lacio y corto, que me hace recordar a esos chicos de las películas, sólo que éste es único. Él parecía ser perfecto. Perfecto para toda chica; todas lo amábamos. Bueno, yo no. Pero me bastaron unas pocas razones para darme cuenta de que él significaba más en mi vida, que mi vida en mí. Ahora era una más del montón de admiradoras. Mi timidez pedía a gritos librarse de mí, para hablar con él y ver su sonrisa. Entendí que era imposible, hasta que lo hice. Ahí estaba él, caminando por las calles de mi ciudad. Yo caminaba lentamente, mirando hacia el piso. Él miraba hacia el costado; parecía que los dos no queríamos vernos, aunque juraría que él ni me registraba. En un par de segundos, hicimos una especie de contacto. Nos chocamos bruscamente. Nos pedimos perdón, y él me preguntó si lo conocía de algún lado. Ibamos al mismo colegio, así que, seguro me conocía. Por dentro, una sonrisa quería escaparse, pero preferí seguir siendo la típica chica fría y tímida. Me invitó a tomar algo. Era raro, tan rápido avanzábamos que era sorprendente. Me resultaba tan estúpido, pero era tan lindo. Nos despedimos con una sonrisa, y no volví a verlo nunca más. Intenté averiguar algo en la escuela, pero nada. Quizás haya sido sólo un espejismo, un espejismo que reflejaba a alguien tan perfecto como aquel, quizás alguien que aparecería en mi futuro. Sólo sabía que guardaría ese recuerdo por siempre.

Orgullosa - By Melyý.

-Hubiese preferido no haber venido...-Dijo mi madre, con tono de lástima.

Traté de ignorarla, y poder seguir comiendo, no pude, las lágrimas intentaban salir de mis ojos, hacía lo posible para controlarlas, al final pude ganar la batalla.

Se levantó de la mesa, muy despacio, y volvió hacía la computadora.

Ahora ya no estaba triste, estaba enojada, ella hubiese preferido estar en la casa de ese hombre, que conmigo, me iba a ir de viaje durante un mes, y no le importaba. Mañana no la iba a poder ver, se iba a trabajar, y yo me iba a la hora que ella saldría de su trabajo.

Intenté ignorarla, seguir mirando la televisión como si nada, por un rato sirvió. Cuando terminé de comer me levanté de la mesa, fui hacía su habitación, ya que ella tenía el ventilador de la mía, y si no, moriría de calor.

Pasó un rato largo mientras miraba televisión, ella vino a su habitación, se iba a dormir, el último momento en que la iba ver después de todo un mes. Me levanté como si nada, la ignoré.

-¿No me saludas?

Seguí mirándola, sin hacer ningún gesto.

-¿Me querés?-La seguí mirando- Bueno... no te puedo obligar a que me quieras.

Eso me hizo estallar, caminé muy apresuradamente hasta el comedor. Me senté en una silla y empecé a llorar, las lágrimas recorrían mis mejillas, mientras pensaba "Quiero morir, quiero morir, ¡Quiero morir!"

Seguí llorando, esperanzada de que se hubiese olvidado algo y visitaría el comedor, para ver lo que sus palabras habían hecho. No vino.

Ahora otro sentimiento me inundaba, culpa. ¿Cómo yo podía ser tan orgullosa? ¿Era tan complicado decir "Te quiero"? Abrazarla, despedirme, saludarla. Pero no, mi orgullo fue más fuerte.

¿Sueño o realidad? - By Melyý.

Estaba en mi habitación, era de noche, estaba amaneciendo, no había luces encendidas. La habitación tenía un tenue color celeste. Me desperté para tomar un vaso de agua, dirigí mi vista hacía el frente,  allí, en el hall, casi en la puerta, un hombre, alto, de cabellos largos, blancos y brillantes. Elegí la estúpida decisión de ir corriendo hasta donde estaba, si me lo hubiesen preguntado,  elegiría la opción de cerrar la puerta y quedarme dormida. Pero no, cuando llegué hasta donde el había estado, me di cuenta de que había llegado hasta la habitación siguiente. Sin pensar, otra vez, corrí rápidamente hacía donde el estaba. La habitación estaba diferente, las ventanas estaban abiertas, no había rejas. Intente tomar su brazo y preguntarle que hacía, el me observó fijamente. También, me di cuenta, de que sus ojos también eran blancos. Nos miramos durante un segundo que pareció eterno, de pronto, el hombre ya no estaba. Se había ido, miré por la ventana, tampoco había nada.

Parpadeé, pero esta vez, estaba en mi habitación, despierta. El corazón me latía demasiado rápido, parecía tan real...

Como si fuera un sueño - By Miruuh.

Yo siempre fui perseguida. Siempre miré atrás al escuchar un insignificante ruido, por más que yo sepa que es el viento, por más que sepa que es cualquier cosa que produce un sonido. Pero siempre me di vuelta a ver que era. No me importaba realmente si parecía tonto o qué, pero debía estar segura que lo que había atrás mío no era nada grave, y creo que de algo me sirvió.
Todo empezó un día de primavera. Esa primavera había sido muy calurosa, de hecho ese día la temperatura superaba los treinta y cinco grados, y nuestros cuerpos estaban agotados, sedientos y acalorados. Todos sabemos que en estos casos, lo mejor es quedarse en casa con el ventilador, o al aire acondicionado. Pero a mí se me ocurrió salir.
Eran las ocho en punto de la noche. Estaba oscureciendo, decidí volver a casa. En el camino desde la heladería, todo parecía enfriarse más. Yo caminaba más rápido de lo normal. Escuché un sonido de pasos. Como ya saben, no tuve más ocurrencia que darme vuelta. Eso hice. Una bolsa se encontraba volando y jugando en los vientos que ahora aterraban a los árboles, esos vientos que arrasaban con las hojas, esos vientos que hacían todo más frío y escalofriante...Más tenebroso. Seguí adelante, acelerando mi paso cada vez más. Me bastó un segundo para saber que alguien me estaba siguiendo. Miré hacia atrás y vi a un gato, típico de las películas. Pero no era eso, en verdad me seguían. Las luces de la calle hacían que se reflejaran las sombras. Era obvio que esta persona trataba de no reflejar nada, pero de vez en cuando su sombra aparecía frente a mí. Era raro: titilaba. Es decir, era un sombra, sí, pero titilaba, era insegura, era algo anormal. Sentí que me tocaron la espalda. Para mí no era necesario voltear de nuevo, sólo sé que corrí lo más rápido que pude, hasta llegar a casa. Sentía que pasos se apuraban atrás mío, pero preferí no mirar hacia atrás, descubrí que era inútil...Y un tanto peligroso. Llegué a casa de una vez por todas. Traté de calmarme, no quería que me preguntaran qué había pasado.
Olvidé lo sucedido. Al otro día, decidí quedarme en casa, tranquila. A diferencia de ayer, hoy hacía mucho frío, y me pareció extraño: porque descubrí que los mismos vientos recorrían el lugar; esos que anoche me aterraron tanto. No pude escapar, mi papá pidió que vaya a comprar algo. Yo salí apurada, compré y volví. No pasó nada. Quizás el hecho de que sean las cinco de la tarde tenga relación con la persecución. Me quedé en casa todo el día. Estaba cansada, no sé de qué, pero cansada. Comí y me fui a dormir. A las ocho en punto, hora en la que el día anterior sucedió lo ocurrido, yo ya estaba en la cama, tratando de dormir. La casa estaba silenciosa. De repente, escuché que la puerta se abría. Levanté mi cabeza para ver qué era, pero sólo parecía ser el viento. La puerta quedó medio abierta. Me escondí bajo las sábanas. En un instante, algo o alguien quizo destaparme, pero yo me defendí bruscamente. Estaba muy asustada. No tuve remedio, tenía el control de la tv al lado mío, lo agarré, saqué la mano y prendí la televisión. Rápidamente salí de abajo de las sábanas y mi mamá vino a retarme. Según ella la golpeé cuando quizo ver si estaba dormida o ahogada, porque estar bajo las sábanas es un tanto...Raro.
-¡Eras vos!- exclamé.
-Sí Lucía, ¿Quién va a ser?- dijo mi mamá algo enojada.
-Bueno, será mejor que me duerma- dije tratando de calmarme.
Intenté dormir, pero eso no ocurría. Sentí un viento leve que iba aumentando de a poco, y decidí buscar una linterna. Otra vez la puerta se abría. Mi corazón latía cada vez más rápido, fue entonces cuando prendí la linterna. Algo se movía en mi armario. Escapé lo más rápido que pude hacia la habitación de mis padres, a advertirles. Llegamos a mi habitación, ellos revisaron el armario. Nada. El armario estaba más vacío que los juguetes por dentro. Se fueron. Cerré la puerta y prendí la luz. Me quedé despierta toda la noche, nunca creí atormentarme por esto.
Al otro día estaba cansada más que nunca. Mis padres preguntaron si dormí bien, y yo ¿Qué les dije? Sí...Al principio no podía dormir, pero luego lo conseguí. Y...Bueno, ¿Qué les voy a decir? ¿Me quedé despierta toda la noche? Me van a mandar a un psicólogo si lo hago.
Otro día solitario, en casa...Pasé todo el día durmiendo, reparando las fuerzas de anoche. Me desperté ya en mi cama, estaba durmiendo. No había comido nada, directamente mis padres me llevaron a mi habitación. La verdad, no sé, estaba dormida. Tuve un sueño raro, un sueño en el que un niño entraba a mi habitación, pidiendo ayuda, prefiero no recordarlo. Otra vez no podía dormir. Mis ojos permanecían más abiertos que nunca. Escuché un sonido que provenía del comedor. Me quedé quieta. Otra vez un viento rozaba mi pelo, otra vez sentí que el miedo venía a mí. Miré hacia el techo. Estaba aterrada. Algo pisaba el techo con fuerza, algo hacia que el techo estuviera flojo, a punto de caerse. Pensé en el final, el final de una historia que ni siquiera había empezado. Suavemente recosté mi cabeza. A mi alrededor tenía muchas cosas: un niño pidiendo ayuda, tal cual mi sueño lo describía, el techo moviendose, una sombra, una bolsa...Y un gato.
Me bastaron unos segundos para comprender que otra pesadilla me atormentaba. Intenté dormir. Cuando desperté, eran las diez de la mañana. Ese día no hice nada interesante, salvo mirar tv, comer, dormir, hablar, y todo lo básico. No pasó nada. Pasaron los días como si todo hubiera sido una enorme pesadilla, pero estaba consciente de que no lo era. Busqué en todos lados que podría haber sido eso, pero no encontré nada. Decidí no buscar más, para no recordar lo mal que la pasé en esos días. Segundos, minutos, horas, días, meses, pero no años, pasaron como si nada. Todo estaba normal, como antes. Todavía me pregunto qué pasó, pero no tiene caso. Me quedaré con la teoría de la pesadilla, y seguiré mi vida.

Ser realista - By Miruuh.

Sentimientos que no se olvidan. Esa inseguridad, ese frío, esa cosa que te invade. Te preguntas si te siguen, si piensan hacerlo o si sólo estás demasiado preocupada. Meses sin experimentarla. Meses sin sentirla. Se daba la ocasión cuando iba o volvía del colegio. Las vacaciones habían empezado hacía dos meses, y pronto se acabarían. Solía caminar extremadamente rápido. En época de escuela, eso se convertía en hábito. A estas alturas, ya no era un hábito, y me costó mucho recordar cómo se hacía para ser un perro corriendo en campo libre, pero por la calle. Esquivé unas cuántas personas que iban a un "milímetro por hora". Me volteé para asegurar que nadie ni nada me seguía. Venía un chico, no imaginé cuántos años tenía, pero sólo sabía que debía cuidarme.
-Ehmm, ¿Conoces algún supermercado por acá cerca? -dijo, como si nada.
Seguí caminando, y reaccioné algo tarde, me percaté de que no le había respondido; algo asustada porque interrumpió mi tranquilidad, pero a la vez algo culpable, dije:
-¡No sé! -prácticamente dije gritando desde lo lejos, desde donde ahora me encontraba.
No me había dado cuenta de lo estúpida que fui. El que me preguntó eso estaba intentando algo, o quizás era demasiado tonto; a un metro del lugar de la pregunta, se hallaba un supermercado. Yo también había sido tonta, o quizás también hubiera querido evitarlo.

¿Por qué es tan complicado? - By Miruh & Melyý.

Capítulo 1.

-¡No! Te dije que no me gusta Martín. -Melanie puso una mirada acusadora- Basta, ¿Por qué insistís?
Melie me conocía demasiado, no podía mentirle, pero tampoco decirle la verdad. Seguramente haciendo su acto de "buena amiga" se lo contaría, y no estaba dispuesta a aquello. Ella siempre fue mi mejor amiga, pero no le podía contar este tipo de secretos. Había hecho un trato con Martín, y debía cumplirlo. Le dije que trataría que Melie se enamorara de él, y por más que me dolía en el alma, debía hacerlo y olvidarme de lo que en verdad sentía.
-Porque te conozco, porque sé que no actuas así en frente de todo el mundo. Además, se nota que le gustas. -Continuó y me guiñó el ojo- Así que, no tenes por qué negarlo.
-Mirá, yo no tengo nada con él y él no tiene nada conmigo.
Si supiera lo que él siente por ella... murmuraba para mis adentros.
-Si, como digas -Puso los ojos en blanco- No vamos a seguir discutiendo sobre esto, por ahora. Pero algún día lo vas a tener que aceptar...
-¡No hay nada que aceptar! Odio cuando eres tan obstinada.
Era buena mentirosa, aunque eso no aseguraba nada.
Caminamos en silencio hacia nuestras casas, sin molestarnos en hablarnos siquiera una vez. Supuse que las dos estábamos demasiado concentradas en nuestros pensamientos que preferimos seguir pensando antes que hablar. Empezamos a acelerar nuestro paso, no queríamos enfermarnos o algo por el estilo. Cuando estuvimos a punto de doblar en la esquina, Melanie patinó con el barro, y se calló para atrás. La ayudé a la levantarse como pude.
-¿Estás bien?- Pregunté, un poco nerviosa.
-Sí, o eso creo -dijo Melie.
-Creo que llegamos a tu casa -agregué, para disimular el hielo que se había formado en nuestra salida.
-Ehmm, sí. La pasé muy bien, ¡Nos vemos la próxima! -dijo, contenta.
-Yo tambien la pasé genial, adiós -y le dediqué una sonrisa.
No pude entender cómo había pasado eso, pero se había despedido tan rápido que apenas pude recordar que tenía que volver a mi casa y caminar un poco más. Cada vez caminaba más rápido, hacía demasiado frío para ser principios de otoño, y en la mañana hacía un poco de calor, así que no llevaba mucho abrigo. Disfruté lo más que pude la lluvia, aún así con precaución; lo que le había pasado a Melie era un indicio de que no era nada seguro ir casi corriendo por las calles mojadas de Londres. Empapada, llegué a casa y abrí la puerta. Ensucié de barro toda la alfombra, no le di mucha importancia, lo lavaría más tarde. Colgué mi campera en el perchero y me saqué las zapatillas. Mi abuela me esperaba allí, en su silla mecedora. Sus ojos parecían contemplar mi rostro.
-Hola Dann, ¿Como te fue hoy en casa de Melanie? -dijo con un tono de dulzura, rompiendo el silencio.
-Bien, me lo he pasado genial -dije honestamente y me dirigí hacia la cocina.
-¿Qué quieres comer hoy? -Dije, prácticamente gritando.
-Lo que quieras preparar, lamento no poder ayudarte a cocinar...-Supuse que estaría frotando su brazo enyesado, producto de haberse resbalado en la acera cuando venía de hacer sus compras.
-Ay abuela...No te preocupes, puedo sola, no tienes por qué molestarte -y heché un vistazo al refrigerador.
Observé todo el refrigerador de arriba a abajo, elegí tomar un paquete de ravioles. Puse a calentar el agua, esperé y agregué un poco de sal, y cuando me percaté de que estaba hervida tiré los ravioles. Mi abuela los comía sin salsa, por lo tanto, yo también, así que no tuve que preocuparme en preparar una. A los quince minutos, saqué los ravioles del agua y los serví en dos platos. Me dispuse a llevar todo a la mesa, mi abuela acomodaba todo, se sentía inútil por no ayudarme a cocinar y no entendía que no era necesario.
-Dejame hacer algo, me siento inservible -Dijo mi abuela acomodando las cosas en la mesa, como podía, con su mano izquierda.
-Abuela, ya te dije que no te preocuparas -usé un tono de reproche cariñoso, y lo más dulce posible- Yo puedo. -Le dediqué una amplía sonrisa.
Terminamos de comer rápido, por lo que me propuse juntar los platos y llevarlos hasta la cocina, después los lavaría. Subí hacia mi habitación dispuesta a abrir mi correo. Encendí mi computadora, y tuve que esperar poco en que terminase de cargar. Luego, conecté el internet. Al abrir mis mensajes uno me llamó la atención, era de Martín, me pareció raro porque el nunca me escribía.
Danielle:
Te escribo este mensaje para pedirte que me hagas otro favor; necesito que la cites a Melie en el Mall, si es posible, a las tres de la tarde, pero acuérdate que tiene que creer que tú la estás citando. Disculpame por hacer todo esto y muchas gracias,
Saludos,
Martin.

Quedé petrificada, una lágrima se derramó sobre mi mejilla. Al aceptar el trato, sabía que me tendría que ver con cosas como estas, pero no sabía que me podrían causar un efecto así. Tomé el teléfono y marqué el número de Melanie. Fueron unas pocas palabras, no quería recordar lo que estaba haciendo, así que en cuanto terminé apagué mi computadora, me vestí con mi pijama, y me enrosqué con las sabanas, esperando poder dormirme ya.

Pesadillas a media noche - By Miruuh.

Pesadillas a media noche - Capítulo 1.

Estaba extremadamente aburrida. Mi padre no estaba. La lluvia golpeaba los vidrios suavemente. La tarde estaba sedienta, oscura. Las nubes cubrian el cielo entero, formando una enorme capa negra de agua, ventosa y con rayos. Yo miraba a través del vidrio. Mi cara se reflejaba en él. Yo amaba la lluvia. Era tan refrescante, tan natural. Decidí salir a mojarme. Me puse el piloto y las botas de lluvia. Me recogí el pelo en una coleta y me puse la capucha de aquel piloto, viejo y muy usado que tenía desde hace ya bastante. Abrí la puerta y salí.
Comprendí que lo que me gustaba era mojarme el pelo, así que no sé realmente para que me lo até. Me lo solté al instante. La lluvia estaba fría, pero no dejaba de ser hermosa. Me tomé mi tiempo. Sabía que era torpe y que podía tropezarme, pero tomé mis precauciones y nada sucedió, al menos por ahora. Vi una luz potente que venía desde el verde bosque. Decidí ir a ver.
Caminé lentamente hacia la mitad del bosque, no precisamente hacia lo más profundo, sabía que era peligroso. Había estado allí unas cuántas veces, pero nunca había visto esa luz en mi vida. A medida que avanzaba, la luz me enceguecia más y más. Tuve que cerrar los ojos, me ardían y estaban sedientos por salir de allí, pero mi curiosidad mataba. Abrí los ojos rápidamente, fue como una ojeada. Estaba todo blanco, era demasiado extraño. Mi cara hizo una mueca de dolor. Sentí que algo o alguien me arrastraba hacia lo mas profundo del bosque. Estaba aterrada. Lo que sea que fuera o quien sea que fuera, me estaba lastimando la cintura en su intento de arrastrarme. Me sacudí y antes de que me arrastraran de nuevo, salí corriendo como pude, con los brazos hacia los costados, por si me chocaba. Parecía que estaba jugando al gallito ciego y tenía miedo de golpearme con algo, o tropezar. Me caí unas cuantas veces, hasta que pude abrir los ojos y aún se veía blanco, pero no era tan fuerte, parecía niebla. Miré hacia atrás y allí seguía la luz blanca. Corrí y corrí, hasta llegar al patio de mi casa. Me senté en una silla, me refregué los ojos y suspiré. Nunca antes me había pasado eso. Escuché sonar el teléfono, cuyo sonido era fácil de reconocer luego de vivir aquí 15 años, desde la muerte de mi madre, apenas nací. Tome el teléfono con sumo cuidado, esperando que mi padre o alguien llamara. Me llevé el teléfono al oído, pero para entonces...Habían cortado. Sólo llegué a escuchar un sonido raro.
Asustada, corrí a enjuagarme la cara, creyendo que era un sueño. Me senté en el sillón. Escuché como una llave se introducía en la cerradura de mi casa. William, mi padre, acaba de entrar.
-¡Juliet! -Se refería a mí- ¡A que no sabes qué! -dijo entusiasmado-
-¿Qué pasó padre?
-Me ofrecieron un nuevo trabajo...Trabajo el doble, y gano el triple. Me preguntaba si te molesta quedarte sola... -dijo con un tono quedante.
-Para nada. Eso es genial, ¿Has aceptado? - Noté que mi mirada era triste, intenté sonreír.
-No aún, esperaba tu opinión.
-Bueno, acepta ya entonces.
Llamó a su trabajo, con una enorme sonrisa. Cortó y gritó:
-¡Empiezo mañana! Te quedarás sola desde las ocho de la mañana, hasta las siete de la tarde, ¿Está bien? -susurró.
-Seguro.
Yo sabía perfectamente que quedarme sola era lo mejor que me pudo haber pasado...Aunque, debo admitir que con lo que sucedió hoy, deseaba estar acompañada.
Estaba cansada, eran las diez de la noche, así que me fui a dormir. Desperté a la madrugada, un ruido me había desviado de mis sueños. Escuché pasos, estaba aterrada.
-¿William? -susurré, con mi voz seca- ¡¿Quién está allí?! - grité, desesperada.
De pronto se abrió mi ventana por el viento. Había golpeado contra la pared del impulso. Un helado escalofrío recorrió mi cuerpo. El viento hacia que mis pelos se desparramaran. Prendí el velador. No había nada. Miré hacia mi placard. Algo se movía. Me acerqué lentamente...
-¡¡¡Noooo!!! -grité espeluznantemente.
Me percaté de que estaba en mi cama, el velador estaba apagado, la ventana estaba cerrada...La puerta del placard igual. Nada había pasado, fue sólo un sueño.
-¿Juliet? ¿Te encuentras bien? - Mi padre entró a mi habitación, jadeando.
-Sí, papá. Fue sólo una tonta pesadilla.
-Me asustaste -dijo con vos atónita.
-Ya pasó.
Mi padre salió de la habitación, pero de repente el mismo ruido me estaba aterrando. Pasó todo igual: se abrió la ventana, dejando entrar al frío viento. Prendí el velador...Es como si hubiera visto el futuro. Si así era, lo que sea que causó que grite de esa manera, no debía pasar. Antes de poder ver que algo se movía dentro del placard, cambié mi destino y fui al baño. Me enjuagué la cara y no me atreví a volver, así que me dirigí al comedor y allí miré televisión. Tocaron la puerta.
-¿Quién nos visitaría a las siete de la mañana? - pensé.
Miré por la ventana...
-¡Juliet! - escuché y me di la vuelta - Lo siento, olvidé decirte que venía mi jefe a casa, queria hablar conmigo sobre mi nuevo trabajo hoy. Si quieres puedes irte a tu habitación, me explicará un par de cosas y me llevará al trabajo.
-¡Papá, me asusté! - confesé - Está bien, iré a mi habitación.
Con un paso apresurado, pero no corriendo, entré a mi habitación. Allí me quedé, hasta que escuché el ruido de un auto, que parecía alejarse. Miré por la ventana y así era. Bajé al comedor, de nuevo. Mi padre me había dejado una carta:
Juliet:
No olvides, te dejé preparada la comida, sólo debes calentarla. Lamento no haberme despedido, mi jefe no se percató de que estabas en la casa. Que tengas un buen día, y ten cuidado.

Con un suspiro, dejé la carta en la mesa. Pero, bajo el florero, había otra:
Ten cuidado, te estaré vigilando.
Me quedé dura. Esa no era la letra de mi padre, y mucho menos la forma en que me trataría...

 

Pesadillas a media noche - Capítulo 2.

Estaba más que asustada. Recorrí toda la casa, buscando quizás alguien que podría estar escondido. Era estúpido, y obvio. No iba a encontrar nada. O eso creía. Encontré algo en el piso, era...Extraño. Era como un metal, gastado, tenía forma triangular. Me pregunto:
-¿Qué sería? -pensé.
Escuché un ruido en la puerta, seguía asustada, ahora más. Se aceleró mi pulso. Miré por la ventana: un oficial de policía.
-Buenos días - dijo seriamente.
-Si, diga, ¿En qué le ayudo? - dije con mi voz aún seca del miedo.
-He venido a hacerle unas preguntas, señorita Juliet Scarfield, ¿Verdad?
-Exacto -me quedé atónita, sabía mi nombre.
Estaba asustada, pero a la vez sentía curiosidad.
-Bien -dijo, cortante- ¿Dónde has estado ayer en la tarde?
-Yo...-estaba aterrada, si le contaba lo que sucedió en el bosque, me creería loca- Yo salí afuera y...Y me adentré en el bosque...-susurré.
-Ahí está la razón, ¿Que hizo en el bosque? -dijo con voz de sospecha.
-Es que, vi una luz potente y decidí ver qué era -dije, rápidamente.
-¡¿Y usted no se percató de que una pobre chica le pedía ayuda?! -gritó.
-U-una po-pobre chica? -tartamudeé.
-Mire señorita -dijo con aspecto de enojo- Hemos encontrado a una chica. Falleció hace dos horas. No importan en este momento los detalles de las heridas, sólo importa que la chica tenía en su cuerpo huellas digitales, examinamos bien, hicimos análisis...Eran tus huellas digitales.
-¡¡¿¿Cómo??!! -exclamé, como si fuera el fin del mundo.
-Antes de morir, pudimos sacarle algunos datos -me ignoró- Ella mencionó haber gritado y haber pedido ayuda...Dijo que se aferró a la cintura de una chica.
Supuse que eso lo explicaba todo...Pero aún así no dejaba de entender. El detective me miró y dijo:
-Ya no creo que tengas algo que ver -suspiró y se levantó de la silla en la que estaba sentado.
Le abrí la puerta y se fue. Me di la vuelta para dirigirme al sillón, para mirar tv. Pero vi algo horrible. Era el cuerpo de una chica, era extremadamente hermosa, y tenía el cuerpo cubierto de sangre, escuché que susurraba:
-¿Por qué? ¿Por qué dejaste que me hagan daño?
Parpadée. Ya no estaba más. Había desaparecido. Todo giraba a mi alrededor. De repente, veía todo negro. No pude pensar más, no. Intenté abrir los ojos, pero no pude, fue en vano. No sé cuanto tiempo había pasado, no sé. Abrí los ojos. Comprendí entonces que me había desmayado del horror. Tomé un vaso de agua, comí un dulce y me recosté en el sillón. Me quedé dormida. Seguía asustada, así que no pude soñar, afortunadamente. Cuando desperté, encontré un collar y una carta:
El collar de las pruebas. Ahora te corresponde. No vas a librarte de mi hasta que pagues lo que hiciste.
Me espanté aún más. Acaso, ¿Qué era lo que había hecho? ¿Por qué yo?


Pesadillas a media noche - Capítulo 3.

Otra vez era un día lluvioso. Otra vez William ya no estaba cuando desperté. Otra vez estaba asustada. No sabía a dónde ir ni qué hacer. Quién quiera que sea el que se hace el gracioso con las cartas, me estaba acosando. El problema es que si lo denuncio, van a pensar que estoy loca...
-No importa. Vamos a ver que pasa -pensé.
Me dirigí hacia la cocina a prepararme algo para comer. Calenté lo que sobró de los ravioles que comimos anoche, puse un vaso, cubiertos y bebida en la mesa, y me detuve. Algo extraño que me llenó de asco estaba en mi plato. Era negro y se movía.
-¡¡¡Puaaaaaj!!! -grité- ¡¿Qué es esto?!
Me calmé y descubrí que era una especie de bicho venenoso. Habían intentando matarme, pero no era tan tonta como para no darme cuenta de que el bicho estaba ahí...Escuché que algo se había roto. Corrí hacia el comedor y hallé el florero partido en miles de pedacitos en el piso. Entre las flores, los vidrios y el agua, hallé otra carta:
Fallé esta vez. Pero la próxima no lo haré.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Era estúpido querer matarme comiendo un bicho. Muy. Decidí olvidar lo sucedido y echarme una siesta. Pero vi a la misma chica en la ventana. Empecé a gritar como una loca, pensé que moriría. La chica tenía puesto un vestido azul, era largo y lindo. Tenía un cuchillo en la mano. Me miraba con sus ojos grandes. Me asusté y cerré todas las puertas, la de atrás y adelante. Pude detectar que ya no estaba, aún así revisé que todo estuviera cerrado. Miré por la ventana, absolutamente nada. Me di vuelta. La chica estaba allí, nuevamente toda ensangrentada. Me desmayé. Cuando desperté, habían pasado ya dos horas desde que ví a la mujer. Me levanté, me dolía la pierna: estaba ensangrentada. Me habían acuchillado la pierna. Llamé lo más rápido que pude a mi padre, aunque era dificil que me creyera. Llegó a casa desesperado, le habían desconectado unos cuántos dólares por salir de su trabajo para verme. Llamó al doctor, y vino en seguida, ya que, en un pueblo tan pequeño como era Tapes, era dificil que algo pasara. Me dijo que no era nada grave...Pero debía tener cuidado. Llegó la pregunta clave:
-¿Cómo te hiciste esto? - me preguntó el doctor.
-No sé, no estaba consciente...- mentí.
No dijeron nada más. El doctor se fue y me dejó remedios para el dolor. Todo fue un misterio, pero por suerte no se habló mas de ello. Me dijeron que tendría que reposar, pero mi padre no podía faltar al trabajo. Asumió que yo tenía 15 años y era lo suficientemente grande como para cuidarme sola, aunque lo que pasó hoy no fue ninguna garantía. Estaba muy asustada. ¿Qué pasaría después? ¿Por qué hizo eso? ¿Quién era la chica y qué buscaba? ¿Qué es lo que tengo que ver yo? Las preguntas me invadían.

 

Pesadillas a media noche - Capítulo 4.

Los remedios me habían dado sueño. Cuando desperté, mi padre ya no estaba, como de costumbre. Tenía hambre, así que hice lo mismo que ayer, esta vez cuidándome de que las sobras no tuvieran nada extraño. Las vacaciones estaban acabando, pronto empezaría el colegio y vería a mis amigos, estaba ansiosa después de todo. Hacía más de una semana que no hablaba con Kathia, se había ido de vacaciones. Kathia era mi mejor amiga, o algo por el estilo. Nos llevabamos estupendamente genial...Bueno, no tanto, pero me caía muy bien. En eso, justo sonó el teléfono: no sé realmente quién esperaba que fuese.
-¡Juliet! -reconocí la voz de Kathia en un instante.
-¡Kathia! Tanto tiempo...-exclamé como si no hablaramos desde el siglo XIX.
-¿Cómo estás?
-Bien, ¿Vos?
-Bien, la pasé genial, ¡No sabés! -dijo, pude imaginarme su sonrisa que tanto envidiaba.
-Me alegro, yo tengo mucho que contarte...
-¡Ya quiero saber!- dijo, con tono entusiasta.
-Es una larga historia. No me creerías. - dudé.
-Amiga, seguro que te creería. Lo siento pero debo irme, podemos juntarnos un día de estos, antes de que comencemos el cole.
-Sí, me encantaría, rápido, mañana, a las dos de la tarde, paso por tu casa -dije, apresurada.
-Hecho, descansa, te veo mañana.
-Igual tú. Chau.
Me había subido el ánimo. Kathia tenía esa cosita que hacia que te sintieras mejor. Era simpática y todo eso. La persona perfecta para acompañar a alguien no popular en el colegio. Apenas alcancé a colgar el teléfono cuando me estaban llamando de nuevo: el ruido raro de la primera vez. Era horrible, me quedé helada. Me di la vuelta, era otra vez esa chica ensangrentada. Corrí escaleras arriba y me enserré en mi habitación: allí estaba. Grité y corrí esta vez escaleras abajo, en ese momento pensé que esa mujer podría aparece en cualquier lado, pero sin pensarlo demasiado, salí de la casa y toqué la puerta a los vecinos.
-Hola -dije, con un tono de voz un poco aterrador y agitado.
-Hola Juliet -Dijo la señora Presk, con amabilidad- ¿Cómo estás? ¿Quieres pasar?
Asentí con la cabeza.
-Gracias señora Presk.
-Dime, ¿Qué buscabas?
-No me creería -dije, espantada.
-Tu padre no está en casa, apenas son las dos de la tarde, hay tiempo, adelante, siéntate y cuéntame.
-Bien -accedí.
Contar este tipo de cosas era algo incómodo; pero necesario. Le expliqué todo: que mi padre no sabía nada, más bien que sólo ella y yo lo sabíamos, también le expliqué lo del accidente de ayer, y por qué estaba allí. No manifestó signo de impreción, sorpresa, o lo que fuere. Nada más asintió, y dijo:
-No para hasta conseguir lo que quiere.
-¿Cómo lo sabe usted? ¿Qué es lo que ella quiere? ¿Acaso me quiere a mí? -me espanté.
-Juliet, ella se cobró la vida de mi hija. Lo único que sé, es que también se llevó a su amiga, ella pensó que podría desquitarse son los que la rodeaban, y averiguó sobre la chica misteriosa, y entendió todo. Fue esa tarde cuando murió -quebró en llanto- ella era...Igual a ti.
-Lo siento señora Presk, lo siento mucho. Ella era...¿Igual a mí? -me quedé boquiabierta.
-Debes disculparme, voy a la cocina, puedes venir si no quieres quedarte sola.
-No, gracias, de hecho, debo irme, gracias por todo.
-De...Nada -dijo, algo cortante.
Salí corriendo lo más rápido que pude, sabía que ahora que había entendido la mitad de la historia, podría morir, yo o... "Los que me rodean", lo cuál es peor aún. Me aseguré de que mi papá estuviera a salvo; lo llamé. Él no entendió el motivo del llamado, pero no le di importancia. Corté y sonó el teléfono, temía que fuera el sonido extraño de nuevo...Pero no.
-Juliet -dijo una voz, estaba sollozando.
-¿Diga? -dije, preocupada.
-Soy Susan...-Rompió en llanto- la madre de Kathia -su voz se oía realmente mal, comencé a asustarme.
-¿Q-qué p-pasa? -Tartamudeé.
-Es Kathia, ella...Ella...Fue acuchillada, esta en coma. -El llanto aumento- La acuchillaron 200 veces Juliet, 200.
-¡¿200?! -Exclamé, luego de empezar a mojar todo el teléfono, el suelo, y mi cara, con las lágrimas que se soltaban de mis ojos- Iré a verla, ¿Dónde está?
-Juliet...No puedes verla.
-¡¿Por qué?! -me enfadé.
-Lo primero, no puede recibir visitas -su voz se oyó mas triste- Lo segundo...El cuchillo usado para acuchillarla, se halló en le escena del crimen...
-Supongo que esos es bueno -dije, un poco tranquilizada.
-Dudo que lo sea para ti, Juliet.
-¿Por qué? -No encontraba la razón para que no lo fuera.
-Se hallaron huellas digitales en él.
Pensé en dos cosas, una; iban a encontrar al asesino, otra; seguro eran mis huellas digitales: estaba condenada a sufrir.
-B-bien -tartamudeé.
-Juliet, eran tus huellas digitales.
Un escalofrío atacó a mi cuerpo. Corté, atónita. Algo me calmó: estuve mas de una hora en lo de la señora Presk, lo que significaba que quizás, tenga una testigo para librarme del caso. De todos modos, era menor de edad, pero no quería que se manchara mi apellido, eso era...Tremendo. Todos me creerían una asesina. Corrí a la casa de la señora Presk, para informarla de lo que pasó, y para pedirle de que en caso de que lo necesitara, que sea mi testigo. Toqué su puerta una vez. Pasaron diez minutos, así que toqué de nuevo, esta vez mi golpe se hizo mas notable, porque golpeé mas fuerte. Pasaron otros cinco minutos, y nada. Golpeé como desesperada, unas miles de veces. Mi pulso se aceleró, y decidí ir a mirar a la ventana... Me invadieron dos cosas: terror y furia.

 

Pesadillas a media noche - Capítulo 5.

Reconocí el cuchillo de la escena del crimen: lo había grabado mi padre, cuando yo era pequeña. Era la primera vez que podría arrepentirme de usar un cuchillo como ese para cocinar, estúpida yo. El hecho de no querer lavar los platos hizo que me sintiera culpable, aunque sé que no hice nada. Mi cara era impactante, lo único que quiero recordar ahora es cuando cerré los ojos, para dormir. Ver a la señora Presk, tirada en el suelo, inundada de sangre...Quizás, fue un poco fuerte. Más si sabía que me iban a culpar por es, en absoluto. Ya nadie podía ayudarme. La única persona que pudo, ahora está muerta, y la que pudo entenderme, está al borde de la muerte.
-¿Cómo puedo continuar así? -pensé.
Desde que vi eso, hasta que termino el día, fue todo un infierno. Mi padre nunca me había caído "super" y ahora que hizo lo que hizo y dijo lo que dijo, lo estoy odiando. Mañana empiezo el psicólogo, genial. Me creían loca, todavía me creen loca. Estaba cansada, así que dormí. Tuve unas cuántas pesadillas, nada grave. Estoy decidida a ir a averiguar algo sobre la mujer que tanto me aterra. La señora Presk me dejó bien en claro que si lo hacía, seguro moriría. Pero no hay motivo por el que seguir viviendo, excepto mi padre...Un poco. De todas formas, según lo que hizo la hija de mi vecina, mi padre moriría también, aunque, no encuentro la razón por la cuál la señora Presk no hubiera muerto antes; quizás era su madre adoptiva. Me levanté, y William ya no estaba. Me hartaba la costumbre. Él quizás tendría que haberse cuidado de que yo evitara ir al psicólogo, así que como no estaba en casa, fui a la librería, a averiguar sobre esa chica. Ni muerta iba al psicólogo, ni que lo necesitara... Apenas comí un sandwich, salí corriendo por la puerta trasera, sabiendo que la policía se encontraba ahora tocando la puerta de mi casa, seguro para llevarme detenida.
¡Qué estupidez!
Fui hasta la librería, estuve buscando durante horas un libro que se relacionara, pero nada. Podría jurar que dentro de poco me encontrarían. Lo que me asombra es que no me hayan detenido antes, aunque así estoy bien. Encontré algo: un libro de tapa dura, que contenía una imagen de la misma chica que yo había visto unas cuantas veces. Con el mismo vestido, ensangrentado, se mostraba con varios cuchillos clavados. Apenas leí unas líneas:
La dueña del terror. Busca aterrorizar a sus víctimas, luego las mata, haciendolas sufrir lo máximo posible; sea así matando a sus seres queridos como brindándole una muerte lenta y dolorosa. Su paradero es desconocido. Sólo se sabe que atrae a sus víctimas hacia el bosque, y les muestra cómo murió, les hace creer que pueden salvarla, y si no hacen algo para librarla de su asesino, se enoja ferozmente y se obsesiona en su muerte; no importa cómo. Una vez sufrido el accidente en el bosque, sus víctimas están destinadas a morir, a menos que...
Los policías rompieron la puerta. Me estaban buscando, no pude hacer nada. Lo pensé rápido: me escondí entre los estantes de las bibliotecas, hasta que los dos policías se separaron por los pasillos, aceleré el paso, pero me cuidé se que no le dieran importancia, y escapé. En cuanto pisé la vereda, salí corriendo hacia mi casa.
Entré lo más rápido que pude: vi a la chica. Era el momento de mi muerte, lo sé. Empecé a tirarle con todo lo que pude: lámparas, libros... Pero rebotaban ante ellas, ni siquiera la rozaban. Escuché que alguien entraba por la puerta, y grité:
-¡Papáa!
Mi padre se quedó atónito ante la situación.
-V-vete de aquí, por favor no! -y la miré a la mujer.
Apenas oí un aullido de dolor, cuando me di cuenta allí estaba: mi padre se estaba desangrando. No tuve tiempo de hacer nada, mi padre ya había muerto de varias puñaladas. Rompí en llanto. Grité como una loca:
-¡¿Por qué?! ¡¿Por quñe yo?! ¡¿Qué te he hecho?! ¡¿No entiendes que duele?! ¡¿No entiendes que lo haces sin razón?! -ardía de furia y de tristeza a la vez- ¡¿No eres capaz de parar cuando te lo pido?! ¡¡No tenés de la más mínima idea de lo que se siente!!
Corrí por toda la casa intentando escapar. Tropece y me raspé las manos. Corrí escaleras arriba, pero apareció allí. Corrí otra vez, pero escaleras abajo, y pude salir de la casa. Me subí al auto, miré por el espejo retrovisor, me estaba espantando. Salí lo más rápido que pude, y fue cuando comprendí que quizás le tenga miedo al bosque, debido a lo que le sucedió cuando era chica allí. Corrí y corrí, sin cansarme. Me senté en el lugar de los hechos. No había nadie. No estaba la luz de la primera vez. Es que ya tenía a su víctima: yo. Me calmé, traté de reaccionar, estaba en estado de shock. Vi a lo lejos a la chica: no tenía salida. Era en vano, no podía vivir en el bosque. Era la hora de mi muerte, no podía escapar. Lentamente, fui saliendo del bosque, preparada para el dolor. Apresuré mi paso; más bien corrí. En cuanto salí del bosque, caí en el asfalto:
-¡Duele! ¡Dueleeeeeeeeee! -grité sin parar.
Mientras luchaba por caminar con mi pierna ya apuñalada, sentí un vacío en mí. Entré a la casa, como pude. Tocaron el timbre, y sentí otra puñalada, en mi otra pierna. Me estaba desangrando. Me ahogaba de dolor.
-Aaa, vamos, sigue, atrévete.
Apenas podía gritar. Estaba tirada en el piso, viendo como la sangre fluía. Mis piernas morían, yo moría. Mi llanto, mi furia y mi dolor se mezclaban formando una sensación extraña. Me aferré a mi pierna como si fuera un tronco. No pude parar de gritar. Tomé el teléfono que se encontraba entre las cosas que había tirado, en el piso. Marqué el número de emergencias, aunque sabía que era en vano:
-Hola, ¿En qué le ayudo?
-V-venga a B-boston 331, p-por favor, r-rápido -apenas me salía la voz, corté en cuanto mencione esas palabras.
Dejé el teléfono sobre mi mano, y sentí como si me hubieran clavado una aguja en ella. Mi cabeza cayó tumbada mirando hacia la mano del teléfono, la derecha. Miré inconscientemente cómo el cuchillo atravesaba mi mano, acabando también con el teléfono a su paso. Pestaneé lentamente. Parecía que todo pasaba en cámara lenta. No sé cómo conseguí seguir con vida. Me quedé mirando cómo mi sangre formaba un charco alrededor mío, y cómo mi mano recién apuñalada perdía líquido rojo a lo loco. Empecé a ver todo borroso. Pude sentir como el cuchillo penetraba en mi cuerpo una y otra y otra vez. No puedo creer que sigo viva. Sentí agujas en todo el cuerpo, me estaban haciendo picadillo. Entonces levanté la mirada y la vi: estaba sonriendo. Luego todo se tornó negro. Me relajé de inmediato, no sentí más dolor. Parecía que estuviera en una habitación toda negra, estaba muy oscuro. No podía ver, sentir, oler, tocar, lo que fuera. Fue entonces cuando comprendí todo: la niña había sido asesinada años atrás. Ocurrió en el bosque. Su espíritu aún sueña con que alguien la rescate. Si no lo haces te atormenta hasta la muerte. Y así sucedió. La chica cumplió su objetivo: matarme.

Bienvenido/a a la nueva era!

Este blog salió de la nada, cuando Mely me decía que teníamos que hacer una historia juntas. Yo, Miruuh, tenía un blog que me lo había creado hacía tres horas, y le dije:

¡Hagamos un blog!

Y así fue, abandoné mi blog, para crear este, esperamos que les guste!